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ENTREVISTA CON LUCIANO FERIA

30 DE ENERO DE 2003

 

(NOTA: las entrevistas que aquí recogemos fueron realizadas por nuestros alumnos "de viva voz", grabadas y luego transcritas. Hemos preferido no "arreglarlas" para su exposición en la página. Pedimos disculpas a los lectores por el desaliño indumentario, pero hemos optado por conservar el registro original. Aunque mengüe la elegancia, crece la frescura y espontaneidad en que surgieron: quizás la expresión no es tan correcta como desearíamos ante un texto escrito, pero se apreciará así mejor el deambular constante, el énfasis, la vacilación, el hallazgo de un pensamiento en marcha, de una voz que busca el sentido de lo que dice, disputando palmo a palmo la esquiva comprensión de los conceptos).

 

–¿A qué edad comenzó a escribir y cómo se forjaron sus primeros poemas?

 

Yo recuerdo que los primeros pinitos los comencé en la adolescencia, cuando era como vosotros, en el bachillerato, por ejemplo recuerdo muy bien la primera vez que leí a Jorge Manrique o a Antonio Machado, y surge entonces la necesidad de imitar a aquellos autores que transmiten aquella sensación de belleza y... bueno, pues poquito a poco, ¡aunque uno no se lo acaba de creer nunca del todo!, pues va intentando ir poniendo en pie esas palabras que trasciendan la vida cotidiana.

 

–¿En qué se inspira para escribir sus poemas?

 

Mirad, yo soy muy lento, ¡qué digo!, lentísimo. Normalmente surge una intuición alrededor de una preocupación, en torno a un tema, algo que procede de la búsqueda de sentido, en fin, y a partir de ahí los libros se han ido sucediendo. Es como una profundización de esa problemática, un ir buscando el sentido de la vida e intentar tener la experiencia de ese sentido, y frente al dolor, e ir ahondando en todas las circunstancias que existen, de manera que unas veces aparece el amor como fundamento, que es el apoyo más grande que yo tengo, otras veces también la memoria. Pero todo eso no de una forma aislada, sino en torno a una intuición primordial que es la que organiza el texto.

 

–¿Cómo escribe sus poemas y en qué lugar?, ¿le influye el lugar donde escribe?

 

Vaya, pues lo escribo en mi casa, así de sencillo, ahí en mi escritorio. La inspiración, en la que yo creo muchísimo, no soy de los que creen que todo es cuestión de trabajo, pero sí de los que cree que hay que tener mucha paciencia y estar en disposición de recibir esa chispa que es la que genera el poema.

 

–¿Por qué este tipo de género y no, por ejemplo, novela o ensayo?

 

Yo es que antes no creía ni en el destino ni en ese tipo de cosas, pero uno a medida que pasan los años empieza a creer, porque a mí lo que me hubiera gustado es ser escritor de novelas o relatos, disfruto muchísimo como lector de novelas, pero hay como una especie de llamada que va tironeando del corazón, por decirlo así, va canalizando la forma de experiencia poética, de manera que yo nunca he intentado escribir novela ni teatro porque en realidad la necesidad me tira de la mano de la poesía, y a ella he obedecido e intentado ser lo más fiel posible.

 

–En uno de sus poemas invoca a la palabra, qué sentido tiene para usted.

 

Claro, pues por eso que os decía antes, porque yo creo en la inspiración, como decía Picasso, si llega la inspiración que te coja trabajando, una famosísima frase que al fin y al cabo lo que quiere revelar es que la creación artística depende de que te pongas a trabajar. Yo creo que también es verdad, si no te pones a trabajar no te puede venir la inspiración. Pero también creo en lo contrario, es decir, si te pones a trabajar, que te coja inspirado. Y, por mucho que uno quiera, el fundamento último de lo poético, y cuando digo lo poético no me refiero a la poesía, también al teatro, a la novela y a las demás artes, quiero decir que el fin último es una especie de conmoción que zarandea el alma. Depende de algo que nos trasciende, que quizás esté lejos pero que trasciende al propio individuo. Así que la Invocación a la palabra es una especie de símbolo –una metáfora, si queréis– de ese lugar de trascendencia donde anida esa voz realmente poética.

 

¿Cuál es el poema que más le gusta?

 

¡Huy, qué pregunta más difícil me hacéis! Si es que ¿sabéis qué pasa?, que unas veces me gustan más unas que otras, depende de como me levante. Ayer mismo preparando esta charla estaba un poco desanimado y me decía: para qué me habrán llamado a mí Serafín y Vega y Javier y estos amigos, si esto, ¡Dios mío, al lado de los grandes autores! ¿Tú no ves que nosotros somos profesores de literatura? Por ejemplo, yo estoy ahora dando a Shakespeare en Literatura Universal y a Rubén en Lengua de Bachillerato, tú fíjate, y, claro, todos los días con esos grandes autores, te lees tú un poquito... porque yo normalmente no me leo, pero para preparar esto pues me he tenido que leer algunas cosas de nuevo, y dices: Dios mío, qué hago yo aquí, y depende de la situación en la que estés, yo estoy embarcado ahora en el libro La otra ribera, y entonces pues es lo que más me interesa de momento, salir de este atolladero.

 

–Encadena siempre sus poesías, ¿por qué esa estructura?

 

Pues por lo que decía al principio de la entrevista, cada libro ha sido una reflexión en torno a un enigma, cada libro surge como respuesta a un problema que me ha resultado acuciante, y de entre el libro surge como una unidad porque voy intentando describir todos los matices que tiene ese problema, es como una aventura de conocimiento, es como un viaje, quizás sea lo que más se acerca a cómo escribo, pasa como cuando viajo yo de Zafra a Alcántara, que hay una sucesión de pueblos hasta que llegas al sitio de destino.

 

–En uno de sus poemas dice que sueña despierto y habla de bisagras, crucifijos... ¿Por qué esos símbolos?

 

Ese es un poema sobre la memoria. Antes me preguntabas qué poema me gustaba más, ese es uno de los que más cariño les tengo, pero no porque esté mejor o peor, porque eso nunca puedes saberlo, sino porque otra de las funciones que tiene la poesía es provocar una especie de resurrección, ¿en qué sentido?, pues en el sentido de que nuestra memoria de vez en cuando hace que reaparezcan las vivencias de nuevo como si realmente tuviéramos esa experiencia de nuevo, eso pasa muchas veces, con los olores, con una música. Bueno pues la poesía tiene mucho de esa función, pero no de la memoria abstracta sino corporizada, vivida. Entonces en ese texto yo me remonto a mis primeros recuerdos, cuando yo era chico, pues ya sabéis, ¿no?, que los padres suelen meter a sus hijos en la cama, entonces yo me acuerdo del cuarto de mis padres, de las cosas que había, de la bisagra, del crucifijo.

–¿Ha sido difícil alcanzar a publicar su poesía?

 

Sí, es difícil porque la poesía es un medio que tiene pocos lectores, pero, por otra parte, hay muchos poetas. sobre todo me costó más el primer libro, porque era un desconocido entonces y tuvo el rechazo de algunas editoriales, pero también tuvo algún premio, en fin, fue más irregular, con el segundo fue más fácil porque tuve la suerte de ganar el premio Ciudad de Valencia y ello conlleva la publicación del libro, pero normalmente sí cuesta abrirse paso.

 

–¿Ha inspirado alguno de sus poemas en Extremadura, y, si no lo ha hecho, piensa hacerlo?

 

Verás, Extremadura y el sitio donde yo vivo, Zafra, está siempre presente en lo que escribo, porque son los lugares de la memoria, no es algo que yo a priori quiera hacer, decir: bueno, pues voy a hacer un canto a Extremadura; no, eso nunca se me ha ocurrido, yo quiero muchísimo a mi tierra, pero, como os digo, el libro surge de un núcleo fundamental que me lleva y al que intento ser fiel, ahora bien, ese núcleo tiene que ver con el sentido de la vida, a medida que se va desarrollando el texto, como la memoria es tan importante, pues lógicamente la memoria de los sitios donde yo me he criado, donde yo vivo, donde tengo mis amigos, mi familia, mis seres queridos, lógicamente se convierten en sitios mágicos, de manera que, sin yo pretenderlo, uno empieza a leer los poemas que he ido escribiendo todos estos años y ve que el paisaje de Extremadura, sobre todo el de Zafra y la ciudad misma, están siempre presente.

 

–¿Cuál de los libros ha sido su preferido?

 

Vaya, me dejáis poco para elegir, ¿no?, lo digo porque sólo tengo dos, pues verás tú, yo entre El instante en la orilla y Fábula del terco prefiero este último, porque fue un libro que supuso cierta transformación personal, más allá de lo propiamente poético, era yo también más maduro, pero qué sé yo, ayer mismo cuando preparaba los poemas de El instante, que los tengo un poco olvidados, digo pues qué sé yo, a ver si va a ser mejor el primero que el segundo. Y es que está uno lleno de incertidumbre y de dudas.

 

–Usted está metido dentro de sus poemas como autor, pero ¿si tuviera que calificarlos con respecto a otros autores cómo se definiría?

¡Huy qué difícil, Dios mío, qué difícil es eso! Hombre, yo lo que sí te puedo decir es que eso no lo sabe uno cuando está escribiendo, eso lo juzgan luego los profesores de literatura, los críticos y dicen este tiene influencia de tal y se parece a tal. Vamos, yo te puedo decir quiénes son mis autores favoritos y supongo que por ese gusto personal alguna influencia debo tener de ellos, por ejemplo Juan Ramón Jiménez, un autor inmenso, uno de los mayores que ha dado la literatura española y universal, sin exageraciones, Valente también, es decir, yo me enmarcaría en esa línea del intentar indagar en el misterio del ser, luego también con respecto a autores extranjeros hay un poeta que a mí me gusta mucho, que se llama Saint-John Perse, de siempre me ha encantado, quizás el poeta que más he leído, Rilke también, otro de los grandes, Eliot, pero, en fin, esos son más o menos mis gustos.

 

–¿Pide opinión a su familia sobre sus poemas después de escribirlos?

 

Sí, a mi mujer siempre. Es a la primera que doy la paliza. Y es que cuando tú escribes tienes tanta inseguridad siempre y al mismo tiempo has tenido unas emociones tan intensas que estás deseando comunicárselo a alguien. Hubo una época en la literatura española, en la postguerra, sobre si la poesía era comunicación o conocimiento, y había disputas y discusiones al respecto, unos decían: no, es conocimiento; y otros: no, es comunicación. Pues yo creo que las dos cosas, ¿no?, por qué tenemos que hacer incompatibles las dos realidades. Después de ese primer conocimiento que es la escritura del texto, uno quiere comunicarlo. ¿Y con quién mejor que con la gente más cercana? Con la gente que sabes que aunque sea duro, también te va a querer, así que yo siempre los textos a la primera que se los doy a leer es a mi mujer, a Rosa.

 

–¿Cuando escribes tus poemas, a quién los diriges, gente joven, madura, o es indiferente?

 

No lo pienso porque hay un dentro del texto, un misterioso que ya se ha estudiado por parte de la teoría de la literatura, de la poética de la recepción, y que eres tú mismo y no lo eres a un tiempo, un que te trasciende, a él es al que realmente te diriges, es una especie de diálogo interior, y ese va condicionando la obra, en realidad es un que llama a la poesía y es el que va provocando la propia escritura, es así como yo lo vivo.

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