Arriba

ENTREVISTA ÁLVARO VALVERDE

Nos encontramos en el aula Francisco de Aldana con el poeta Álvaro Valverde, que inaugura hoy, martes 19 de noviembre, los I Encuentros Literarios de Viva Voz. Álvaro Valverde ha traspasado las fronteras extremeñas para llegar a consagrarse como uno de los grandes poetas españoles.

 

(NOTA: las entrevistas que aquí recogemos fueron realizadas por nuestros alumnos "de viva voz", grabadas y luego transcritas. Hemos preferido no "arreglarlas" para su exposición en la página. Pedimos disculpas a los lectores por el desaliño indumentario, pero hemos optado por conservar el registro original. Aunque mengüe la elegancia, crece la frescura y espontaneidad en que surgieron: quizás la expresión no es tan correcta como desearíamos ante un texto escrito, pero se apreciará así mejor el deambular constante, el énfasis, la vacilación, el hallazgo de un pensamiento en marcha, de una voz que busca el sentido de lo que dice, disputando palmo a palmo la esquiva comprensión de los conceptos).

 

–Suponemos que llegar hasta donde usted ha llegado no es tarea fácil y que habrá pasado por diferentes etapas hasta estar en donde actualmente está.

 

Sí, esto de la poesía es un camino de crecimiento personal y literario. Evidentemente uno cuando tenía 20 años escribía de una manera distinta, no sé si mejor o peor porque eso nunca se sabe, cito a los poetas Claudio Rodríguez, Rimbaud que a los 17 años dieron de sí todo y más, y demostraron que no es un problema de edad, pero la mayoría, que no somos ni Claudio ni Rimbaud, vamos pasito a pasito, supuestamente creciendo literariamente y haciendo las cosas cada vez mejor. Hasta llegar un determinado momento que es la época de madurez cuando el poeta ha perdido la juventud y llega a la vejez, es una etapa bastante anodina y que da para poca poesía. Por eso muchos poetas en ese momento se pasan a la novela y empiezan a contar otro tipo de cosas, pero lo normal es que se vayan haciendo las cosas poco a poco y cada vez mejor.

 

–Recordando un poco sus comienzos, ¿a qué edad empezó a escribir?

 

Yo empecé a escribir a eso de los 18 años, creo que fui un poeta "tardío" porque la mayoría de los poetas que conozco o que han contado a qué edad comenzaron a escribir confiesan que empezaron a escribir esos primeros poemas de amor a la primera novia, o, si es una mujer, al primer novio, o, si es homosexual, a su novio de toda la vida, etc. En fin, casi todo el mundo empieza a escribir sobre la adolescencia, pero yo empiezo a partir de los 18, que todavía se puede considerar adolescencia aunque sea tardía, pero no pasé por esa etapa de los poemas amorosos a la novia aunque la tuviera y sobre todo que tuve claro desde el principio que esto de la literatura iba en serio y yo tenía la sospecha de que en el momento que decidiera dar el paso lo iba a dar con todas las consecuencias y, a pesar de que eran dieciocho años y que a esa edad uno no tiene la cabeza demasiado clara, tenía la sospecha de que sí, de hecho muchos de mis compañeros y personajes conocidos que escribían con catorce o quince años luego no han vuelto escribir y los que hemos empezado un poquito más tarde estamos todavía en la tarea.

 

–¿Cuál fue el primer poema que compuso? ¿aún lo recuerda?

 

No recuerdo cual fue el primer poema que compuse pero sí tengo clarísimo cuándo escribí el primer poema que yo creo que es el que merece o el que merecía el nombre de poema. Fue una tarde al llegar de un viaje a un pueblo que se llama Garganta la Olla, por cierto, el de mi suegro, y lo estuvimos visitando con un cura de Plasencia, que por desgracia falleció, y estuvimos recorriendo un jardín completamente abandonado donde había unos cuantos cerezos, allí iba el cura en cuestión a coger cerezas porque este jardín, aunque abandonado, era de un amigo suyo que le había dicho: Pásate por allí y te llevas unas cuantas bolsas de cerezas. Yo no cogí cerezas y me dediqué a pasear por allí y sé que al llegar a casa necesité escribir un poema que en alguna antología, no en un libro pero si en antología, aparece y que yo siempre he considerado un poco como el poema, el núcleo del que sale, yo creo, todo lo demás. No tiene título el poema.

 

–Si no es mucha molestia, ¿podría recitar algún verso que perdure en su memoria especialmente?

 

El único que yo recuerdo, además sé exactamente donde se me vino a la cabeza, y fue viajando a Cáceres en el 600 de mi padre, allá por el año 80 y poco, a la altura del puente de Garrovillas, el puente de Alconétar mejor dicho. Pues yo recuerdo que se me vino a la cabeza un verso que debe ser de los pocos que yo recuerde de los que yo haya escrito, que está en uno de esos poemas iniciales, y decía "la tan dulce demora de las horas felices". No me preguntéis por qué ha permanecido en mi memoria ese verso pero pocos más, hay algún otro que sí recuerdo y sé incluso dónde se me vino a la cabeza porque ya sabéis que en poesía dicen que siempre el primer verso te lo regalan los dioses y que luego lo demás lo tiene que sudar uno para que siga saliendo el poema entero. Recuerdo que se me ocurrió un verso atravesando Don Benito que es un sitio bastante feo, por cierto, camino de Córdoba, y ese verso concretamente es el de un poema de Una oculta razón, pero también la primera línea de mi segunda novela, que aparece el año que viene, y que dice algo aproximado como: Si tuviera que recordar alguna imagen nítida de entonces. Eso que es un verso o dos de un poema de Una oculta razón es la primera frase de esta novela segunda que, como la primera, arranca con un verso mío y, bueno, de ahí en adelante pues viene todo lo demás pero no recuerdo poemas enteros, de memoria desde luego ninguno.

 

–¿La pasión por la poesía le viene de familia?, ¿la ha heredado de algún familiar?

 

No, no hay tradición literaria en mi familia. No puedo presumir de una biblioteca familiar en casa de mis padres, y que al haber estado rodeado de libros pues me hubiera venido por ciencia infusa lo de la literatura. Sí es verdad que en mi familia tengo un tío que fue maestro mío en el sentido escolar de la palabra, pero también en otro sentido, que desde muy joven tuvo una importante biblioteca, no literaria, más bien histórica, pero, vamos, yo me sentí muy feliz en su casa delante o debajo de la estantería de sus libros desde muy pequeño. Siempre he considerado que algo de ese gusto por los libros y la literatura me viene de mí tío Paco, además cuando era maestro mío fue el primero, entre comillas, que me obligó y nos obligó a todos a aprender poemas de memoria, de Gabriel y Galán y de Lorca, y luego a recitarlos en voz alta en la fiesta del colegio y yo creo que de ahí, de esa pequeña tontería de aprender poemas de poetas que tampoco considero yo imprescindibles o maravillosos, de los que me han influido muy poco en todo caso, pues puede venir todo lo demás.

 

–La composición de un poema no será espontánea, llevará un período de inspiración y reflexión previos, suponemos.

 

–Cada maestrillo tiene su librillo y en mi caso particular uno no suele ir sospechando que tiene que escribir y cuál es el poema que viene. Si tienes suerte, el primer verso te viene, no se de dónde unos dirán de la inspiración, otros dirán de la casualidad, otros dirán lo que sea, pero normalmente leyendo mucho es más fácil que te vengan estas cosas y que esté uno predispuesto a escribir poemas, pero es verdad que salvo este primer verso o esa primera idea general yo escribo como diría Javier María un poco sin brújula, un poco a lo que salte, no tengo claro antes de escribir de qué voy a escribir. Hay casos como el poeta, que no he mencionado antes, Gil de Biedma, que durante los consejos de Administración de la empresa que él dirigía "Tabacos de Filipinas", era capaz de ir escribiendo de memoria el poema, ese poema lo mantenía en su cabeza durante días o meses y luego en un determinado momento lo llevaba al papel y decía este es el poema. Yo no tengo tanta capacidad memorística ni escribo por ese procedimiento lo que sí sé es que cuando lo escribo, el poema una vez que está escrito, una vez que ya hay una serie de versos, lo termino, o sea, todo poema terminado lo doy por bueno y si no, o no lo empiezo o abandono apenas empezar.

 

–¿Qué poetas influyeron en su formación?

 

Pues muchos, la verdad, sería interminable la lista porque el poeta que no lee está condenado, sobre todo el poeta primerizo, está condenado al plagio. No, está condenado a repetir lo que otros han dicho mucho mejor que él, creyéndose además que él es un genio y que aquello lo ha hecho él y no lo ha hecho otro. Entonces, desde el principio, desde C.O.U., leímos a los del 27, no los entendimos mucho, pero, vamos, empecé a leer mucho y a muchos poetas, no me dolieron prendas leer poesía extranjera, traducida, evidentemente, y a muchos poetas y al cabo de un tiempo, si uno reflexiona y tiene que seleccionar algún nombre pues está Antonio Machado, Borges, Fray Luis de León, Garcilaso... quiero decir que hay un poco de aquí y de allá, pero sería la lista realmente interminable, claro, estos cuatro poetas, por citar ahora los primeros que se me vienen a la cabeza, pues serían importantes, y luego, pues otros poetas, como Cernuda, u otros que no son ni tan grandes ni tan mayores ni tan importantes, pero por ser contemporáneos míos, gente de mi edad o un poco mayor que yo, también he leído con mucho gusto por ejemplo a poetas del 50 como Valente, Brines, Gil de Biedma, Caballero Bonald..., todos estos son poetas fundamentales en mí formación. Y, finalmente, yo con quien realmente empecé a escribir es leyendo a los novísimos, a los poetas que se denominan novísimos, es decir, los de la generación del 70 aproximadamente, como Gimferrer, Ferrater, Antonio Colinas, que aunque no está en la antología de Castellet también pertenece, y luego vienen los poetas de mi edad, a los que he leído y que me han enseñado mucho a pesar de ser coetáneos míos evidentemente.

 

–Hoy en día la poesía está poco extendida entre los adolescentes. Si usted tuviera que convencer a un adolescente para que leyera poesía, ¿qué le diría?

 

–Es difícil porque hoy en día lo peor que hay es obligar a nadie a leer, por ser el camino más corto para acabar no leyendo, pero me llama la atención que los adolescentes seguís necesitando de un papel, un bolígrafo y un poema, para contaros a vosotros mismos ciertas cosas, y esto me alegra y me desconcierta a la vez porque yo creo que la poesía es algo bastante natural en un adolescente. Lo que no haría nunca es invitarles a leer poesía como el Cantar de Mío Cid, o poetas muy clásicos y muy importantes que tendrán que llegar luego. Yo les animaría que leyeran la poesía de la gente, no de su edad porque no hay poetas de su edad que escriban demasiado bien supongo, salvo algún genio perdido por ahí, pero sí les recomendaría que leyeran a poetas de edades parecidas a la suya, a sus contemporáneos, porque eso será un camino seguramente más certero de acercamiento a la poesía y no a poetas lejanos en el tiempo y que llegarán más tarde si uno persevera en la lectura de la poesía. Creo que lo comprobaremos ahora al escuchar a un poeta leer sus versos, un poeta que está ahora en los cuarenta años, eso anima más a seguir leyendo poesía que leer, no ya al poeta porque el poeta lo lee aquí, sino algún clásico de aquellos del siglo XVI o Siglo de Oro.

 

–En sus poemas hay sentimientos más exteriorizados que otros, ¿qué sentimiento le resulta más fácil representar, cuál se resiste más al poema?

 

–El sentimiento amoroso me cuesta muchísimo exteriorizarlo y llevarlo al poema, aunque en este último libro hay una sección de poesía amorosa bastante bien acogida por los lectores y por la crítica, o sea, quiero decir que han dicho: Pues mira, estos poemas melosos no están mal; que ya que me parece un logro. Yo tenía mucho miedo a llevar al papel cuestiones amorosas y luego podemos hablar largo y tendido en la lectura, pero me resulta más fácil llevar al poema aspectos geográficos, descriptivos, de la naturaleza, todo lo que son sentimientos al fin y al cabo, pero transmitidos a través del paisaje o de la descripción del paisaje. Nunca me he planteado escribir en un poema sentimientos de odio o de venganza, todo ese tipo de cosas me resulta ajeno.

 

–¿Alguna vez ha compuesto un poema para transmitir cierto sentimiento y al final el sentimiento expresado resultaba distinto?

 

Seguro, por lo que decía antes de que uno cuando se pone a escribir un poema no sabe qué va a resultar. Eso pasa como en la novela, por lo menos a mí me pasa, cuando empieza y aquello va tirando de ti, ¿no?, como dicen algunos novelistas : Es que el personaje me llevaba de aquí para allá. Al fin y al cabo eres tú el que escribe y tú controlas la situación porque yo no creo en cosas parapsicológicas y paranormales, pero es verdad que uno empieza y nunca se sabe cómo acaba, entonces lo normal es que al final, al terminar un poema o al darlo por terminado, que esa es otra historia, dar por terminado un poema quiero decir, uno siempre o casi siempre tiene la sensación de que aquello que ha resultado pues no tiene nada que ver con lo que uno creía que iba a decir. Yo creo en esa fatalidad de que el poema nazca, crezca, se desarrolle y al final muera. Además esa es una gran alegría para el que escribe, la sorpresa de ver que ha sido capaz de dar allí a luz una cosa de la que no tiene ni idea de lo que podía depararle, eso es importante.

 

–Los poemas de amor suelen ir dirigidos a alguna persona a la que amamos o a la que nos une alguna amistad o lazo familiar. Usted escribe un poema de amor a un sueño. ¿Su sueño tiene carácter simbólico?

 

Sí, evidentemente a un sueño, pero a un sueño que se materializa. Ahí la palabra sueño viene a querer decir que todo aquello ha sido una invención, pero es también algo retórico porque realmente lo que viene delante del sueño describe una realidad. Lo que está claro es que los poemas amorosos tienen detrás una persona concreta que siempre es la misma y que, como contaré en la lectura, dado que no he sentido todavía el aguijón del desamor, o la pérdida amorosa, pues no he tenido tampoco mucha necesidad de cantarlo.

 

Arriba