REFLEXIONES
DE UN CONDENADO
por Antonio Jara
de las Heras
Cuando alguien sabe con certeza, como yo
mismo, que todos los sufrimientos y angustias de esta insulsa y
trivial existencia material carecen de interés si se tienen en
cuenta todos los ciclos de existencia Primigenia y eterna, sólo
le queda esperar a que llegue su postrer día.
Llegar a estas conclusiones no es fácil, ni
siquiera trabajando en ello se da normalmente con unas pistas que
siempre, en principio, tienen una explicación racional. Pero yo,
que en ningún momento busqué los horribles eslabones que me
llevaron a lo que cualquier persona podría llamar locura, sé
mucho, más de lo que quisiera, y no me suicido directamente
porque quizá tras la muerte todo me sea revelado con mucha más
claridad, y entonces haya algo de verdad en lo que cuentan
ciertas religiones sobre un infierno eterno.
La investigación llevada a cabo por dos inocentes
detectives españoles hace unos años reveló la existencia de un
Ser, el Supremo Necromante, que se alimenta de las almas y
cuerpos de sus acólitos. También otras personas, o ragmentos de
ellas, han sido condenadas a una ignominiosa existencia eterna
formando parte de la estructura viva y muerta a la vez de
Tilonac.
Por desgracia, yo leí el relato que el pobre Felipe
Carrión dejó escrito antes de su muerte, y fui a la casa del
Ser, y lo vi, y me olió. Desde entonces mis miembros palidecen y
mi tensión es cada día más baja. Mi sangre es ahora su sangre
y pronto perderé la vida.
De la familia que desapareció en Fuenleón eligió
los brazos, de los pobres detectives la mente. De mí parece que
le ha gustado la sangre. Sólo me queda esperar a que mi corazón
no tenga nada que bombear, y ojalá que no haya vida después de
la muerte.
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