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Los alumnos, a lo largo del curso primero
de Bachillerato, han entrado en contacto con determinados contenidos
filosóficos y, aunque manteniéndose en cierto nivel
de elementalidad, han ido descubriendo el significado de la actitud
reflexiva y crítica de la filosofía, las dificultades
que plantean estas cuestiones y el sentido radical de sus problemas.
Ahora, en este curso de Historia de la Filosofía y contando
con el marco legal vigente (Ley Orgánica 1/1990, de 3 de
octubre, de Ordenación General del Sistema Educati-vo (LOGSE)
y Real Decreto 1178/1992, del 2 de octubre, en el que se concretan
las enseñanzas mínimas del Bachillerato), conviene
dar un paso más y poner a nuestros alumnos en un contacto
más intenso con algunos de los textos filosóficos
más significativos de la historia del pensamiento occidental,
presentándoles las orientaciones y las teorías de
algunos pensadores consagrados por la tradición cultural
y que en su conjunto puedan servir como representativos de las diferentes
épocas históricas.
Por otra parte, y mientras nos se produzca el cambio previsto en
el RD 3474/2000 de 29 de diciem-bre, a la hora de desarrollar este
curso hemos de tener presente el significativo hecho de que se ha
de impartir esta materia a alumnos con indudable vocación
humanística.
Finalmente, no podemos olvidar que dada la actual estructura de
la Prueba de Acceso Universitario (PAU), esta asignatura es una
de las claves de la PAU del Bachillerato de Humanidades y en correspondencia
con esta circunstancia tendremos que adecuar nuestro proyecto a
la programación, tipo de examen y a los criterios de evaluación
con los que se regirán dichas pruebas.
Enmarcado en estas consideraciones, consideramos que el estudio
de la Historia de la Filosofía por los alumnos de Bachillerato
ha de pretender cumplir las siguientes funciones:
· Función historiográfica. Se
pretende llevar a cabo un estudio crítico de los diversos
pensadores, procurando tener presente su dimensión histórica,
la idiosincrasia de la época que les tocó vivir, los
estados de las ciencias de su tiempo, las creencias y los prejuicios
desde los que se desenvolvieron, así como sus relaciones
e influencias con otros aspectos culturales, arte, literatura, economía,
etc.
· Función comprensiva. Se trata de acertar
a apreciar la importancia de los problemas y de las res-puestas
a dichos problemas surgidos en otros tiempos, así como su
vigencia e importancia en nuestros días, desde una doble
dimensión, a saber, en primer lugar, en tanto en cuanto dichos
problemas resultan imprescindibles para lograr entender los valores,
las creencias y las realizaciones de nuestro tiempo y, en segundo,
en tanto en cuanto debe pretenderse un diálogo crítico
con ellos, con los diversos textos en que dichos problemas quedaron
plasmados .
· Función articuladora. En virtud de
la cual se debe intentar, por una parte, proporcionar una visión
integradora de la historia, señalando las semejanzas y la
continuidad del pensamiento de unas épocas con otras y sus
diferencias, sus contrastes y sus rupturas; por otro lado, ha de
procurarse, también, interrelacionar los distintos saberes,
descubriendo por debajo de los contenidos jurídicos, sociológicos,
matemáticos, físicos... aquellas ideas que a través
de numerosas vicisitudes históricas se han plasmado en determinadas
realizaciones actuales.
· Función vital. Toda actividad intelectual
tiene un significado en nuestra propia vida. Desde este punto de
vista, los contenidos históricos no pueden consistir en una
mera acumulación de datos o mera curiosidad erudita y anecdótica,
sino que han de ser aprovechados para una justificación actual
y para nuestra constante apertura al futuro. Queremos decir que,
puesto que los seres humanos son siempre históricos, constantemente
se ven obligados a mirar hacia atrás, hacia su historia para
ver cómo fue, pero el sentido último de esta mirada
ha de consistir en apoyarnos en lo que ayer fuimos para saber qué
tenemos, qué podemos o qué debemos ser mañana.
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