ALGUNOS DATOS DEL SANTUARIO DE TOLOÑO

 

El Santuario de Nª Sra. Del Toloño, o de Nª Sra. De los Ángeles, como se denominaba antiguamente, construido en silleria de arenisca, estuvo habitado por monjes ya en la Edad Media y quedó destruido por un incendio en 1835, en la 1ª Guerra Carlista, siendo trasladada la imagen de la Virgen a la Parroquia de Labastida, donde puede visitarse en la actualidad. Lo habitó una comunidad de Jerónimos hasta abandonarlo en el año 1492 debido a la dureza del clima, siendo poblado más tarde por otros monjes de la Hermandad de la Divisa, que atendieron su hospedería y sus neveras hasta bien avanzado el siglo XVIII. Se celebraban fiestas y romerías, e incluso se lidiaban vacas y novillos.

Aún pueden contemplarse algunos detalles de la capilla barroca de arcos apuntados, adornos florales y complicados capiteles corintios, así como de sus famosas neveras que suministraban nieve a los municipios de los alrededores.

 

LAS NEVERAS DEL TOLOÑO

Empleada desde la antigüedad, habitual en Europa y el ámbito musulmán a lo largo del medievo, el uso de la nieve se extendió en estas tierras en la segunda mitad del siglo XVI, con el fin de refrescar y conservar en verano alimentos y bebidas, así como con usos medicinales. Entre los siglos XVI y XVIII costituyó un importante negocio. En nuestro recorrido por Toloño podemos ver, muy próximas al Santuario, dos neveras. Una de ellas se construyó en 1678 y, como resultaba rentable, una segunda en 1705. También hay otra en la Virgen de la Rosa, en Ábalos. Son hoyos circulares escavados en el terreno y revestidos de mampostería. No se conserva la parte posterior que muy probablemente los cubría. Los ermitaños llenaban los pozos de nieve, la cuidaban y la cortaban para los compradores. En 1761, año muy nevoso, se recogieron hasta 24 toneladas. Cada arroba se vendía en aquella época a unos 24 maravedíes, lo cual equivale más o menos a unas 2 pesetas actuales el kilo, pero fluctuaba mucho dependiendo de la cosecha de cada invierno pudiendo incluso triplicarse cuadruplicarse el precio. Los compradores no eran particulares sino municipios. En principio los clientes de las neveras del Toloño eran los pueblos de la Divisa, especie de Mancomunidad integrada por La Bastida, Salinillas de Buradón, Ocio, Berganzo, Peñacerrada y Treviño, pero entre 1708 7 1722 se sumaron, pagándole mismo precio, otras poblaciones próximas, San Vicente, Haro, Miranda de Ebro, Briñas, Briones, Anguciana, y monasterios como los de La Estrella, Herrera y San Miguel del Monte. Se estableció la apertura de la venta de nieve cada año el Domingo de Ramos y se prolongaba hasta vendimia. La nieve debía ser transportada en carros completamente cerrados y conservada en los pueblos en depósitos especiales bien resguardados o bodegas, donde se colocaban los alimentos a enfriar o conservar. Su entrada siempre daba al norte y contaba con un desagüe para el agua de fusión. Localidades como Ekora o Laplación conservan en sus núcleos urbanos ejemplo de estos depósitos.