EL CASTILLO DE SAJAZARRA

 

La línea dibujada por el río Tirón está planeada y ejecuta­da como cinturón del sistema defensivo de Castilla, ya en el siglo IX con el conde Rodrigo y, por supuesto, con su hijo Diego. Naturalmente, la línea territorial cam­bia de dueño varias veces. Es la idea que reco­gen y transmi­ten los castillos de Lantarón, Grañón, Cerezo, Pancorbo, Cello­rigo y Bilibio. El conde Fer­nán González asume la res­ponsabilidad de Castilla y Alava en el año 932 y para entonces La Rioja Alta ya está liberada del dominio árabe. Y es aquí donde hubo de defenderse, sobre todo, en los aceifas de los años 934 y 953. Mas era ya el siglo Xi cuando se quita de la vista la pesadilla y se alza la fortaleza eclesiástica de Tirgo, precisamente en la parte media del Tirón donde se encuentra lo más fuerte y poderoso del sistema defensivo castellano para dar seguridad estable y, de este modo, poder continuar con mayor comodi­dad con la repoblación emprendida con anterioridad. Para la consecución de lograr­lo, aparecen, dando singular apoyo los castillos de Treviana y Haro. Además, y por las razones entredichas, aparece en el siglo XIII el castillo de Sajazarra, mirando al Tirgo como tejedor esencial de ese tapiz de la repoblación que cubre el suelo. Los torreones de Foncea y Sajuela son los encargados de prestar eficaz ayuda al castillo de Sajazarra. Poco antes de acabar la Edad Media, surgen los señoríos de Anguciana, Cuzcurrita y Leiva, represen­tados por sus respectivos cas­tillos, que son expresión elo­cuente del pasa­do histórico del valle del Tirón. El castillo de Sajazarra se alza junto al ria­cho Ea o Roganto, afluente del Tirón, en el lugar repoblado de Cillas, término del antiguo emplazamiento del pueblo lla­mado Sajazarra.

   El señor del castillo es el conde de Nieva, perteneciente al grupo de esos nobles llama­dos de “toga” y que son jueces de profesión. En el siglo XIII es cuando apa­recen; van siempre acom­pañados de al­guaciles, escri­banos y aboga­dos. Se sabe que el conde de Nieva es el encargado de admi­nistrar justicia en la zona de Santo Domingo de la Calzada.

Después de la Edad Media, el título nobiliario de Nieva se va a Arnedo. Se conoce aquí a don Diego López de Zúgiña y de Velasco emparentado con los mejores linajes de la nobleza riojana. Es gobernador del virreinato de Perú, en repre­sentación del rey Felipe II.

 Y junto al castillo, que se sitúa entre el románico y el gótico, está la iglesia, también de transición. No tiene icono­grafía porque no es la iglesia para el pueblo. Muestra sólo unas figurillas simbólicas para recordar la bondad del conde que insta a la práctica del bien y al rechazo del mal.

Mas su mole tectónica trae el recuerdo del milagro obrado en el castillo: Juan Martínez, de Arnedo, pasa por Sajazarra. Pero, como sospechoso de un delito, es hecho prisionero el conde. Era muy devoto de la Virgen de su pueblo a quién pide con insistencia oír misa, en sábado, en su santuario.

La madre de Dios escucha la súplica y lo traslada en sá­bado a su san­tuario, devol­viéndolo des­pués a la maz­morra del casti­llo. El alcalde, ante lo sucedi­do, da cuenta de ello al conde, quién sorpren­dido por el milagro, deja en libertad al preso.                 

Pero la belleza plástica del castillo se va borrando a partir del siglo XIII, cuando el pueblo de Sajazarra comienza a des­plazarse paulatinamente ha­cia el suelo que ocupa la plaza de armas, tirando para ello la muralla:   Es el pueblo que hoy conocemos, hecho por buenos canteros, viviendo las gentes pegadas al castillo de los condes de Nieva.

 

                                                           José María Hernández y Urraca