FORTIFICACIONES: EXPLENDOR Y DECADENCIA.

 

En La Rioja, como en otros lugares de nuestra geografía, los poblamientos han sido abundantes y continuos.

Desde los primeros pobladores prehistóricos la seguridad ha sido una constante. Habitar en un lugar más o menos seguro era imprescindible para sobrevivir en un medio muchas veces hostil.

Una vez que el cambio climático lo permite, el homo sale de las cavernas y se sitúa en un hábitat más abierto, por lo que necesita de alguna manera defenderse de posibles enemigos, tanto del género homo como de animales salvajes. Sobre todo las defensas naturales parecen las más asequibles, combinándolas con pequeños muretes, empalizadas, fosos y alguna que otra artimaña. Se sucede el neolítico y eneolítico (1900-900 a. C.) no habiendo movimientos migratorios se estabiliza y consolida la población indígena de la región.

Los pueblos celtíberos ya construían con esta finalidad sus asentamientos. Si bien en un principio, (I Edad de Hierro 800-400 a C.) el lugar no es tan determinante, sí fortificaban en la medida de sus posibilidades el recinto, adosando las chozas al muro, que podía alcanzar varios metros de altura de un encofrado de barro y cascajo. El sistema defensivo era el del Valle del Ebro s. VI a C. Cerro del Sorbán, Calahorra (Cultura de los campos de Urnas). La Hoya, Laguardia.

Con la progresiva llegada de los Romanos, las tribus o pueblos que no quieren someterse, optan por la fortificación y la resistencia. Se mencionan en escritos Romanos la defensa de Contrebia Leukade (Inestrillas) con un recinto fortificado (muros, fosos,..) de tal envergadura, que les costó grandes esfuerzos a las legiones romanas tomarla.

Parecida situación sufrieron otros núcleos celtíberos, arévacos, autrigones, berones, vascones que se interpusieron ante la Maquinaria romana.

Pocos restos visibles quedan en Briones de esta época, lo mismo que de Castrum Bilibium o de Libia (Herramélluri) celtibérica. Bien por la colmatación y superposición de construcciones, como es el caso de las anteriores, o por el arruine y posterior traslado a una zona abierta y sin necesidad de fortificación como la Varea Romana que procede del Cerro de Cantabria.

Con la estabilidad y seguridad de fronteras de la República Romana, no aparece la necesidad de fortificar los núcleos urbanos, hasta la decadencia del Imperio y la llegada de invasiones Centroeuropeas. Resurgiendo con fuerza en la Época Altomedieval, con las alcazabas árabes y pequeños castillos roqueros, como el de Castrum Bilibium que participó en la defensa de la invasión musulmana del siglo VIII.

Castillo Leiva

Generalizándose la construción en la Baja Edad Media s, XIV-XV, con torres fuerte (Torremontalvo), castillos fortaleza (Davalillo) y palacios fortaleza (Sajazarra).

En nuestra zona los castillos seguían claramente las fronteras naturales. Así a los dos lados del Ebro está la primera línea de castillos y torres defensivas de los reinos Navarro (Cerro de Cantabria, Laguardia, San Vicente de la Sonsierra, ...) y Castellano (Davalillo s. XII-XIII, Briones s,XIII, la Mota en Haro). Aunque estos podían cambiar temporalmente de Señor.

Torre Anguciana

Una segunda línea de castillos consolidaba las fronteras y marcaban el dominio y poder de cada Señor. Repartiéndose abundantemente por nuestra geografía.

La fortificación solía ser Real (Davalillo), Señorial o incluso Concejil como es el caso de un lienzo de sillería que discurre paralelo y longitudinalmente a la Iglesia Románica de El Salvador en Tirgo, que pudo tener este cometido para protegerse de racias diversas. "Los Cortijos son los primeros espacios públicos civiles que aparecen en las comunidades aldeanas, con una función inicial claramente defensiva." S.XIV-XV. Pedro Álvarez Clavijo. Estrato

Entre los señoriales encontramos el de Cuzcurrita s,XIV-XV, Leiva s.XV o Sajazarra s.XV nos muestran los elementos más comunes de este tipo de edificio, como murallas, almenas, torre del homenaje, cadarso, saeteras, matacones etc.

Carlos I en 1523 manda derribar las fortificaciones inútiles.

Con el paso de los siglos unos se han arruinado o están en vías, como Cerro Cantabria, Davalillo, La Mota , Briones, Bañares, Leiva, Baños de Rioja y otros, los menos, perduran, con más o menos dificultades, majestuosamente como en San Vicente, Sajazarra, Cuzcurrita.

Javier Ossés Apellániz

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