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El día 1 de junio de 1962, el alcalde de Granadilla, Don Paulino Carrero, dirige una carta a la Administración de Propiedades y Contribución Territorial Urbana, a través del Ilmo. Sr. Delegado Provincial de Hacienda de Cáceres, en la cual manifiesta que fueron dadas de baja en  contribución las fincas rústicas, ya que fueron ocupadas por el Estado definitivamente debido a la expropiación total de todo el término municipal y su casco de población, al  ser afectado en su totalidad por la construcción del Pantano de Gabriel y Galán, según Orden del Consejo de Ministros de 24 de junio de 1955.

Puente sobre el río Alagón, visto desde las murallas. El agua crecía...

Inicio de las obras de la presa en el río Alagón, aguas abajo de Granadilla

Efectivamente, el pueblo también se expropió, en contra del parecer de muchos de sus antiguos habitantes, que hoy día parece ser que siguen negando la expropiación de sus casas. Según ellos, solamente se llevó a cabo la de los terrenos alrededor de la Villa, dejando a ésta sin expropiar incluidas las calles, y por ello fueron forzados a abandonar sus casas al faltarles el medio de vida que era la riqueza sacada a los campos.

Pero la verdad es que bien poco fue lo que pagaron a sus antiguos moradores por las tierras que iban a ser inundadas por las sucesivas subidas del nivel de las aguas. Además, estas cantidades fueron abonadas poco a poco, por cotas, a medida que las tierras iban siendo anegadas. En vista de ello los habitantes prefirieron también que les expropiaran sus casas porque, de ese modo, podían cobrar un poco más ya que, después de todo, se verían en la obligación de abandonarlas para poder subsistir en otros sitios. Así consta en un acta del Ayuntamiento de Granadilla y que se recoge más adelante.

Las obras del embalse, prontas a concluir, motivaron la expropiación del término municipal dividido en tres cotas. La cota 350 se expropió en el año 1956 y se pagó el 20 de octubre de 1959, la cota 390 se expropió el 9 de julio de 1957 y se pagó el 25 de octubre de 1960; la cota final se expropió el 24 de septiembre de 1958 y se pagó el 17 de enero de 1963; las fincas urbanas se expropiaron el 24 de febrero de 1961 y se pagaron el 20 de octubre de 1964; los perjuicios indirectos causados y los gastos de traslado se terminaron de pagar el 5 de marzo de 1973.

Esta morosa actitud de la Administración produjo serios daños a las modestas economías produciendo altercados, recursos y enfrentamientos que podrían haberse evitado con un poco más de generosidad y tacto hacia los habitantes de un pueblo condenado a desaparecer de manera tan traumática.

El éxodo se hizo, por ello, extremadamente difícil y angustioso, lleno de pena y melancolía, tanto más cuanto que se consideraba un abuso prepotente de la Administración. Tal es así que, expropiadas las tierras y las casas pero no pagadas en su totalidad, los vecinos se verían en la triste obligación de pagar rentas de alquiler a la Confederación Hidrográfica del Tajo para que pudieran  continuar habitando las casas y proseguir la explotación de las tierras que durante años cultivaran.

  

 

 

 

 

 

Antiguo puente tras las cimentaciones para comunicar ambas orillas, antes de levantar la presa y Obras de cimentación de la presa y desvío de curso del río Alagón cerca de la finca Los Membrillares.

En el bar Angelito, todavía abierto, los pocos hombres que quedaban sentían la angustia de ser vecinos sin tierras, sin casas - expropiadas ya - sin apenas rentas del trabajo, sin saber adonde ir ... Mientras los gobernadores de turno, el Juez de Instrucción y la guardia civil les conminaban de palabra a que se marcharan.

Mejor suerte tuvieron los medianos y grandes propietarios, terratenientes de extensos olivares, caciques recalcitrantes acostumbrados a tener el poder por el placer de mandar y nunca enseñados a obedecer, cuyo rendimiento de las tierras, a costa muchas veces de la ignorancia de sus asalariados, o del abuso de confianza que ejercían sobre otros familiares que les confiaban la explotación de sus tierras, les otorgaba una muy holgada comodidad económica. La expropiación de sus propiedades les proporcionó suficiente capital para poder seguir en otros lugares y con las mismas u otras labores, aunque también es cierto que las cantidades pagadas a unos y a otros fueron, en la mayoría de las veces, poco generosas en comparación con lo que les obligaron a dejar atrás.

Pasó el tiempo y llegó el día en que la Corporación Municipal tuvo que hacer lo inevitable: la aprobación de la anexión de la Villa a los municipios limítrofes, lo que significaba oficialmente su desaparición. La sesión fue celebrada en Granadilla a las doce horas del día 5 de noviembre de 1963:

"Dada cuenta por la Presidencia del oficio nº 635 de fecha del pasado mes y del acuerdo adoptado en sesión extraordinaria celebrada con fecha once del mismo mes, por el Ayuntamiento de Zarza de Granadilla (Cáceres) por el que se manifiesta estarse tramitando expediente para la anexión del término municipal de Granadilla a los limítrofes; enterada la Corporación por unanimidad acuerda prestar su conformidad de la anexión de este término a los limítrofes; que de referido acuerdo se expida certificación y que sea remitida al Municipio de Zarza de Granadilla para su unión al expediente.

Y no siendo otro el motivo de la presente, el Sr. Presidente levantó la sesión a las trece horas, suscribiéndose la presente Acta, que con el Sr. Presidente, firman los Sres. Reunidos de que yo el Secretario Accidental certifico.

Fdo: Jesús Jiménez, Joaquín Mordillo, Marino Manzano y Felipe Jiménez".

Para saber más sobre el embalse puedes pulsar aquí

Fotomontajes del embalse visto desde el vaso del pantano.

Atardecer en Granadilla. A la derecha, en cerro sobre el que se asienta la villa.

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