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Obligado es, cuando hay que relatar los años postreros de la Villa de Granada, acaecidos desde finales del siglo XIX hasta principios del siglo XX, hacer referencia a un personaje singular en la historia del pueblo y alrededores. Un nombre que ha permanecido vivo en las mentes y en las palabras de muchas generaciones de extremeños y que hoy día, después de tantos años, aún se le recuerda con cariño y respeto. El malogrado poeta José María Gabriel y Galán, a pesar de no haber vivido en Granadilla, desarrolló parte de su obra aquí, en esta villa, por estar casado con doña Desideria García Gascón, vecina de la misma. Su matrimonio fue celebrado en la iglesia de San Esteban de Plasencia (Cáceres).

Nacido Don José María Gabriel y Galán en el pueblecito salmantino de Frades de la Sierra, estudió la carrera de magisterio en la Escuela Normal de Maestros de Salamanca con expediente ejemplar, ejerciendo la generosa profesión de maestro principalmente en Guijuelo, Piedrahita y Frades de la Sierra, hasta que finalmente llegó a Guijo de Granadilla, donde viviera tanto tiempo y del que fue hijo adoptivo, abandonando su profesión hacia el año 1898 para dedicarse al campo.

Mucho pesa el recuerdo el recuerdo del poeta en la amplísima comarca que desde las cumbres de las sierras de Granadilla se dominan, cuyo latir cotidiano supo cantar con incomparable sensibilidad. Gran parte de los extremeños viejos, algunos incluso analfabetos, saben de memoria sus poemas, amasados en el duro bregar de gañanes y vaqueros, de cánticos de alondras, de rociadas de amaneceres frescos y de calores estivales. Chozos y majadas, mayorales y pastores, nombres de bueyes que en la besana entran y oraciones al Cristu Benditu conforman sus poesías, hermanándose su limpio castellano con el recio dialecto de las sierras del norte de Cáceres, plagado de arcaicas voces leonesas.

Según cuenta la tradición, cuando falleció el poeta, después de una larga enfermedad producida por la tuberculosis, quisieron trasladar sus restos para que reposaran junto a los de su esposa. Los mozos de Guijo de Granadilla, enterados de ello, montaron guardia día y noche con sus viejas escopetas para evitar que les dejaran huérfanos de aquel hombre a quien idolatraban.

Su temprana muerte, llorada por todos los lugareños, acaeció un frío día del mes de enero de 1903 en El Guijo de Granadilla;  Allí reposa actualmente, arropado por ese cariño y amor que tan sensiblemente supo despertar, con su poesía, entre aquéllas gentes sencillas del valle del Alagón y del Ambroz.

Fotografía del poeta Gabriel y Galán dedicada a su "constante y querido amigo D Germán Fernández", párroco a la sazón del Guijo de Granadilla

Respetada durante muchos años de abandono del pueblo de Granadilla, la placa en homenaje al insigne poeta puesta por sus familiares en la fachada de su casa en la Plaza Mayor dice así:

 

Monumento al poeta

José María Gabriel y Galán

(Guijo de Granadilla)

 

De la amplia obra del poeta Gabriel y Galán, puede que sea la poesía que está más abajo, tal vez, la que llegue a lo más profundo de la sensibilidad humana. Y es ella, seguramente, la que nos dé a conocer la arraigada identificación del poeta con su tierra adoptiva, junto con su rechazo a la Ley cuando no va pareja con la Justicia.

Esta poesía narra un día en que llega el señor Juez a la casa de un humilde labrador, cuya esposa ha fallecido recientemente, para proceder a un embargo motivado precisamente por las deudas acumuladas en medicinas y atenciones médicas con que curar a su esposa.

Llena de honda emoción, su lectura empaña los ojos de aquél que la lee detenidamente  por primera vez, pues es fácil dejarse llevar por la profunda y emotiva narración de éstos tan inspirados versos.

EL EMBARGO

Señol juez, pasi usté más alanti
Y que entrin tós esos
No le dé á usté ansia
No le dé á usté mieo
Si venís antiyel á afligila
Sos tumbó á la puerta
¡Pero ya s´a muerto!

Embargal, embargal los avíos
Que aquí no hay dinero
Lo he gastao en comías pa ella
Y en boticas que no le sirvieron
Y eso que me quea
Porque no me dio tiempo á vendello
Ya me está sobrando
Ya me está gediendo!

Embargal esi sacho de pido
Y esas jocis clavás en el techo
Y esa segureja
Y esi cacho é liendro
¡Jerramientas que no quedí una!
¿Yo pa qué las quiero?
Si tuviá que ganalo pa ella
¡Cualisquiá me quitaba á mí eso!

Pero ya no quió vel esi sacho
Ni esas jocis clavás en el techo
Ni esa segureja
Ni esi cacho é liendro
¡Pero á vel, señol jues: cuidiaito
Si alguno de esos
Es osao de tocali á esa cama
Ondi ella s´a muerto
La camita ondi yo la he querío
Cuando dambos estábamos güenos
La camita ondi yo la he cuidiao
La camita ondi estuvo su cuerpo
Cuatro meses vivo
Y una nochi muerto!

¡Señol jues: que nenguno sea sosao
De tocali á esa cama ni un pelo
Porque aquí lo jinco
Delante usté mesmo!

Lleváisoslo todu
Todu menos eso
Que esas mantas tienin
Suól de su cuerpo
¡Y me güelin, me güelin á ella
C´a ves que las güelo!

Manuscrito de José María Gabriel y Galán

Poesía dedicada a las alumnas de la

Escuela dominical de Granadilla


Una materialización de  este humilde dormitorio se encuentra, a modo de homenaje al poeta, en la casa que tuvo en el pueblo extremeño de Guijo de Granadilla, actualmente maravillosamente restaurada y habilitada como Casa-Museo y sede de actividades culturales y literarias del Patronato Casa-Museo "Gabriel y Galán".

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