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Con la dramatización a estas edades tan tempranas, se pretende poner a disposición del niño técnicas básicas de expresión corporal y de comunicación, proporcionando al mismo tiempo un mayor conocimiento de sí mismos y de su entorno.
En las obras infantiles de teatro debe procurarse que el niño se sirva de su cuerpo para expresarse y que hable en voz alta tomándose su interpretación en serio. En esta etapa predomina el aprendizaje intelectual y por tanto el lenguaje oral, por lo que debemos conseguir que el niño se exprese también mediante gestos de su rostro y el movimiento de diferentes partes de su cuerpo.
Entre las técnicas más elementales que se deben utilizar para la dramatización infantil destacan:
La expresión corporal. Su objetivo fundamental es el conocimiento de las propias posibilidades motrices y sensoriales. La expresión oral. Se manifiesta a través del lenguaje, del canto, de los ritmos, de los gritos controlados y permite comunicar sentimientos, opiniones, etc. La relajación. A través de movimientos controlados del cuerpo y de la respiración se consigue llegar a una cierta relajación corporal y mental que favorece la concentración. La mímica. Permite comunicar una historia mediante gestos.
En general, la dramatización resulta siempre beneficiosa, sin embargo deben realizarse algunas consideraciones como: asignar papeles sencillos de personajes poco complejos y adaptados siempre al niño, no refugiarse demasiado en lo imaginario y apoyarse en lo real, evitar temas que coloquen al niño en situaciones angustiosas, no destacar a unos niños respecto a otros ni relegar a ninguno de ellos por no desarrollar bien su papel, ...
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