Desde que dejamos la carretera, hasta Granja de Granadilla, el camino va por estradas, entre huertos, sobre lechos secos de brazos del río Ambroz llenos de grandes cantos rodados, puestos como para hacer una carrera de obstáculos con nuestro auto, carrera que resultó molestísima para los que íbamos dentro.

Y sigue así el camino hasta Granja, y en este pueblo empeora con unos roderones tremendos, a la entrada y salida del lugar, que no sé como pudo salvar el auto, y que Remedios, la señora de Orea, y yo optamos prudentemente, por hacerlos a pie. Con lo que también el Ford quedó más aliviado de carga y pudo pasarlas mejor.

Después de Granja, el camino mejora algo hasta Granadilla. Marcha sobre chatas colinas y valles y por entre tierras de labor, olivares y encinares: unos veintidós kilómetros de recorrido que nos costaron hora y cuarto; pero que así y todo los hicimos mucho más cómoda y rápidamente que a caballo.

Y no puede el auto arribar a Granadilla, por no haber puente viable sobre el arroyo de la Aldovara, que rodea a la villa por el lado naciente. Hay que apearse en el cerro del lado acá del arroyo, lo que hicimos, dejando el auto dentro de un cercado propiedad de la señora de Orea.

Y saltando luego de peña en peña echamos a pie por aquellas arribes de la Aldovara abajo, y trepamos después las pechugas del cauce hasta la Puerta de la Villa.

¡La caminata fue de abrigo!. ¡Sudábamos por cada pelo una gota!. ¡La pobre señora de Orea me daba pena!. Cogió una sofoquina que creí le daba algo.

Al fin llegamos al pueblo, descansamos sin que nada nos ocurriera; tomamos unos refrescos y al medio día a comer, para salir luego a esperar a la regia comitiva al camino del Casar.

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El Dr. D. Manuel Muñoz-Orea, con el coche que sirvió a D. Andrés Pérez de Cardenal para desplazarse hasta Granadilla.

Granadilla es una artística villa de porte señorial, totalmente amurallada y defendida, en parte, por un hermoso castillo. Tiene dos puertas de acceso, la de Coria, al SO y la de la Villa, al Norte.

Se asienta sobre un cerrete de pizarra que circunda como foso, por el naciente, el arroyo de la Aldovara, y por el poniente el río Alagón.

Y seguramente para defender el paso del puente sobre este río, que pone en comunicación las fértiles tierras del coto ducal de la Abadía, con las pobres de las barracas hurdanas, los de la Casa de Alba levantarían antaño el castillo feudal en Granadilla, como, con el mismo objeto, ellos y otros nobles levantaron los de Montemayor, Béjar, el Barco de Ávila, Puente del Congosto, Salvatierra, Monleón, Miranda del Castañar, Alba de Tormes, Salamanca, Ledesma y tantos otros que aún se conservan por estas viejas tierras salmantinas.

Granadilla fue también antaño cabeza del partido judicial de su nombre. Hoy lo es la villa de Hervás, que con su progreso industrial expropió de su capitalidad a la noble e histórica Granadilla.

Su Majestad el Rey D. Alfonso XIII, prometió hace años, en Salamanca, a una comisión de
la Esperanza de las Urdes, visitar esta pobre región.

Y hace meses, impresionado hondamente con la lectura de la Memoria publicada por los doctores Marañón, Goyanes y Hoyos, sobre el problema sanitario de las Urdes, el Soberano decidió bajar hasta las humildes cuevas hurdanas para ver de llevar consuelos y remedios a las miserias de estos sus pobres súbditos.

Salió la regia comitiva del Palacio de Oriente para las Urdes, por la puerta de Arabaca (sic), el día 20 de Junio de 1922, a las ocho de la mañana.

La formaban los siguientes autos, en este orden de marcha: Uno, con la escolta de la Guardia Civil. Otro, con el Rey, el señor ministro de la Gobernación y el secretario de Su Majestad, señor Duque de Miranda. Otro con el ayudante del Rey señor Obregón y con el doctor Varela. Otro con el doctor Marañón y los representantes de la prensa madrileña, señores Mora y Campúa, hijo. Y otro con la servidumbre de Palacio.

Por Ávila pasaron a las diez de la mañana. Por el empalme de la carretera de Piedrahita, en Sorihuela, a las once. Poco después, al coronar el auto del Rey la cima del Puerto de Vallejera, quedaba el Soberano agradablemente sorprendido ante la belleza de paisaje de las serranías de Béjar. Y de ella no cesó de hacer elogios, en todo el trayecto, desde allí hasta la Fuente de la Tejera, en término de Hervás, donde Su Majestad hizo alto para almorzar, en pleno campo.

Está la Fuente de la Tejera en el kilómetro 194, pasado el primer puente sobre el río Ambroz y cerca de un mesón que tiene este pintoresco rótulo:

Parador de la Candonga
Vino y cebada

Es un manantial que nace en una amena umbría de castaños y sauces y que está rústicamente alumbrado. Por ello me permito recomendar a la Jefatura de Obras Públicas de Cáceres y al Ayuntamiento de Hervás que, en conmemoración de este suceso y para solaz de caminantes, construyan allí una artística fontana que podría llamarse la Fuente Real.

El séquito del rey, en la explanada de Granadilla, camino del Casar de Palomero.

Don Alfonso XIII entrando en El Cerezal.

Foto Campua

Vista aérea de Granadilla, donde se puede ver el antiguo puente que la unía con el camino al Casar de Palomero, y que fue atravesado por la comitiva del rey D.  Alfonso XIII en su viaje a Las Hurdes.

El rey Alfonso XIII, a la cabeza de la comitiva que entra en la Alquería de La Fragosa, durante su visita a Las Hurdes.

Foto Campua

El rey Alfonso XIII en Las Hurdes, con el doctor Marañón.

Foto Campua

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