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Señales de alarma

Fragmentos de “Notas escépticas de un republicano”, artículo de Antonio Muñoz Molina en El País del 24 de abril de 2006.

Cuadro de Goya

La historia proscrita por el franquismo fue una historia simplemente abandonada por la democracia. Abandonada por el Estado central y sustituida por mitologías más o menos lunáticas en los sistemas educativos de los gobiernos autónomos, consagrado cada uno a la tarea de inventar pasados gloriosos que fatalmente acabarían malogrados por una pérfida invasión española. La mezcla de la pedagogía posmoderna y del nacionalismo identitario pueden conducir a resultados pintorescos o alarmantes, a una confusa aleación de ignorancia y adoctrinamiento muy peligrosa para la vida civil pero muy útil para la demagogia política.

Nos hemos dado un sistema educativo y sanitario públicos que con todas sus deficiencias sólo puede valorar quien ha viajado algo por el mundo y sabe lo que significa que la salud y la escuela sólo sean accesibles a quien puede pagarlas. Y sin embargo nadie o casi nadie siente lealtad hacia el sistema constitucional que ha hecho posibles tales cambios, y en lugar de compartir una concordia basada en la evidencia de lo que hemos podido construir entre todos nos entregamos a una furia política en la que cada cuál parece guiado por un propósito de máxima confrontación.

En los diarios del tiempo de la guerra, en esa desolada obra maestra de la literatura en español que es La velada en Benicarló, Manuel Azaña cuenta su amargura ante el sectarismo, la incompetencia y la deslealtad a la República de muchos de los que deberían haberla defendido. En el desmoronamiento del Estado que sobrevino tras la intentona militar del 18 de julio, cada fuerza política o sindical, cada gobierno autónomo se entregó con ceguera suicida a la persecución de sus propios intereses, como si la guerra, más que una crisis terrible que los amenazara a todos por igual, fuese una oportunidad de oro para alcanzar fines —la independencia, la revolución, el comunismo libertario, etcétera— que nada tenían que ver con la legalidad republicana.

Ni una sola de las libertades que afirmaba la Constitución de 1931 está ausente de la de 1978, del mismo modo que las valerosas iniciativas de justicia social, educación e igualdad de aquel régimen no pueden compararse, por la enorme diferencia de los tiempos históricos, con los progresos del Estado de bienestar que disfrutamos ahora.

[...] esa nostalgia gaseosa que se va volviendo más densa cada día y no nos deja ver los secos perfiles de lo que ocurre ahora mismo, las señales de alarma que deberían empezar a inquietarnos. Algo distingue —o distinguía al menos hasta hace poco— a la mayor parte de los discursos políticos surgidos del 78 sobre los del 31: la idea de que el adversario no es necesariamente el enemigo, y de que por encima de las discrepancias más radicales está la fidelidad a unos cuantos principios comunes que son el entramado básico de la democracia.

Manuel Azaña imaginó un patriotismo basado “en las zonas templadas del espíritu”. Una manera de conmemorar ese deseo es vindicar los modestos ideales que lo hacen posible: defender la instrucción pública y no la ignorancia, el respeto a la ley frente a los mangoneos de los sinvergüenzas y los abusos de los criminales, el acuerdo cívico y el pluralismo democrático por encima de los lazos de la sangre o la tribu, la soberanía y la responsabilidad personal y no la sumisión al grupo o la impunidad de los que se fortifican en él.

¿Qué más se puede decir para quien quiera oírlo?

Por Alejandro Valero en General el 26.04.06 con 8 comentarios
Palabras clave sociedad


8 comentarios

     

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[1] Por Elisa el 26.04.06/10:17 Enlace permanente  Responder

Visitante

Muchas gracias por la referencia, el lunes celebramos día de actividades en el instituto y por la noche comenzó la feria de Sevilla. Si no es por tu blog se me hubiera escapado este estupendo artículo de mi admiradísimo Muñoz Molina. Siempre echo de menos la época en la que colaboraba habitualmente en El País dedicando a veces su columna a la educación.
Un saludo.

[2] Por Desilusionado el 26.04.06/13:28 Enlace permanente  Responder

Visitante

El señor que nos está llevando a un nuevo desastre tiene nombre y apelliddos J.L.Rodriguez Zapatero, creo que es el presidente peor preparado con diferencia de la reciente historia de España y con tal de mantenerse en el poder hará lo que sea necesario.
En la próximas elecciones que más da que el PP saque más votos qu el PSOE si los sicialistas harán lo que hicieron en Galicia con tal de seguir en el poder.
Siento nauseas cada vez que veo como personajes que si no fuera por la politica no serían nada por su nula preparación como el tal Pepin Blanco y Montilla intentan engañarnos.
Otro personaje que pasará a la historia por manipulador y haber destrozado la educacion en nuestro pais es ahora ministro de inerior.
Por favor señor Bono eche al ideseable Zapatero y reconduzca al PSOE a la senda de la que nunca debía haber salido.

[3] Por Alejandro Valero el 26.04.06/23:58 Enlace permanente  Responder

Alejandro Valero

Yo no pondría nombres y apellidos, porque los políticos, en general, son el reflejo de los ciudadanos. Tenemos lo que nos merecemos; eso siempre lo he tenido claro. Lo que pasa es que la gente está callada, dejando a los políticos que hagan y deshagan a su antojo.

[4] Por Jose Cuerva el 27.04.06/10:39 Enlace permanente  Responder

Visitante

Alejandro, muchas gracias por la referencia, a mí se me había pasado por completo este artículo. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Muñoz Molina. Ya habíamos comentado con algunos compañeros que ahora entendíamos mejor el clima de enfrentamiento previo a la Guerra Civil. Las actitudes, mensajes e ideas de los políticos de entonces serían muy parecidas a los de ahora. Creo que los ciudadanos debemos hablar más, y no sólo cuando nos llaman para votar, la sociedad civil debe hacerse oír por encima de los berridos de los politiquillos de tres al cuarto que dicen representarnos.
Saludos

[5] Por Elisa el 27.04.06/12:04 Enlace permanente  Responder

Visitante

El artículo me ha parecido tan imprescindible que, además de haberlo mandado por correo electrónico a bastante gente, he estado haciendo un rastreo a través de google para ver qué repercusiones ha tenido. Me ha sorprendido encontrar tan pocos resultados; dentro de que son escasos, hay más a través de blogs que de otro tipo de páginas, lo cual me reafirma en la idea de la importancia de la blogosfera como medio de información no alternativo, pero sí complementario, a los tradicionales. No sé si es que a la gente que no se casa con nadie, a la que es rigurosa e intenta dar una visión imparcial, no interesa oírla. También es cierto que el artículo es denso, no hay una línea sin contenido, y es necesario leerlo con atención y sacudirse la pereza intelectual.

[6] Por Alejandro Valero el 27.04.06/12:49 Enlace permanente  Responder

Alejandro Valero

Sí, Elisa, éste es un artículo hondo pero directo. Está escrito por un hombre de izquierdas que no sigue consigna alguna, que ejerce su libertad de pensamiento, y al que no le da miedo coincidir con la mayoría de la gente. Hay muchos que se callan por no poner en peligro su sueldo o por no molestar al "jefe".

Además, Elisa, a mí me parece que en la blogosfera educativa también tienen cabida estos artículos y comentarios. A mí me gustaría que mis alumnos tuvieran la fuerza que da la libertad de decir las cosas como son.

[7] Por Eduardo Larequi el 02.05.06/21:14 Enlace permanente  Responder

Visitante

Efectivamente, el artículo debiera servir para conmover más de una conciencia, pero me temo que, como ocurre con casi todo lo que dicen nuestros mejores intelectuales, los políticos no harán ni caso, o lo utilizarán para llevar el ascua a su sardina.

Yo estuve a punto de comentarlo en La Bitácora del Tigre (al fin y al cabo, el novelista toca varios temas educativos), pero al final no me atreví, por ese ridículo prurito de no salirme del tiesto que de vez en cuando me ataca.

La sensación que constata Muñoz Molina la compartimos muchos: no sabemos adónde va el barco ni cómo se gobierna. Quisiéramos enderezar el rumbo, pero no sabemos de qué manera. Y con esas dudas metafísicas nos conformamos, viéndolas venir.

A lo mejor hay que tirar por la calle de enmedio y dar un serio aviso a los que nos gobiernan y a quienes esperan sustituirlos: promover una plataforma cívica como la que se ha creado en Cataluña contra el nacionalismo cuasi obligatorio (pero esta vez a nivel de toda España), con un programa de regeneración cívica, que buena falta hace.

[8] Por Alejandro Valero el 03.05.06/18:16 Enlace permanente  Responder

Alejandro Valero

Efectivamente, como decís Jose y Eduardo, la sociedad civil deberíamos movilizarnos de alguna manera. Yo creo que hace falta un nuevo partido de centro o centro izquierda que, como en Cataluña, aglutine a gentes de diversa procedencia y que convergen en algunas ideas esenciales para la convivencia de todos los españoles.

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